miércoles, 22 de agosto de 2007

Hoy (o mejor dicho ayer): Pedro Lemebel






"...Le dije que no entendía, mientras sentía que él era “cara conocida”. Me volvió a explicar; ahí el cuello polar sobre la cabeza, su rostro y forma de expresarse me hicieron despejar todas las dudas..."






Me despedí de Tito para continuar mi camino hacia el sector del Parque Forestal, con la intención de llegar al Goethe Institute y conseguir entradas para el Festival de Dramaturgia Europea Contemporánea que se realizará desde la próxima semana en varios centros culturales de la capital.
Mi intención era ir a ver “La Fiesta” del italiano Spiro Scimone, en la dirección de Tito Noguera y la actuación de Claudia Di Girolamo, Alejandro Trejo y Ricardo Fernández. Un imperdible.

La micro bajaba por San Antonio y llegaba hasta la Alameda. Decidí bajar en Miraflores por la que caminé hasta llegar al Metro Bellas Artes.
Fuí hacia donde suponía que estaba la calle Esmeralda, donde se emplazaba el Goethe. Nones: seguía siendo Miraflores.
Claramente estaba perdido, así que decidí pedir ayuda. Un hombre con pinta de ejecutivo me dijo que estaba dos cuadras hacia abajo, otra señora me dijo que no recordaba bien. No me quedó otra que devolverme.
Bajé dos cuadras y consulté a un Kiosquero, quien me dio una larga explicación. Le di las gracias y seguí caminando.
Ante la nueva sensación de desorientación, comencé a buscar algún indicio de que la calle era o estaba cerca de Esmeralda. Miré discretamente a ambos lados, pero no vi a nadie, salvo un señor de unos 50 años que caminaba ensimismado un par de pasos atrás de mí. Al llegar a Santo Domingo, dobló con intención de entrar a un edificio esquina, seguramente su hogar. Ante la oportunidad de acabar con mi duda, decidí acercarme.

- ¿Dónde está la calle Esmeralda?
- Debes caminar dos cuadras, no por Miraflores, por la otra.

Le dije que no entendía, mientras sentía que él era “cara conocida”. Me volvió a explicar; ahí el cuello polar sobre la cabeza, su rostro y forma de expresarse me hicieron despejar todas las dudas.
- ¿Eres Pedro?
- Sí.

Estreché su mano, suave y segura a la vez, pronunciando “mucho gusto”. Él sonrió y giró en sus talones, siempre muy sereno, a pesar de todo lo que ha vivido.
Creyendo que no era el momento, opté por no preguntarle nada, iniciando mi camino definitivo hacia las entradas que nunca conseguí.

1 comentario:

doña Vargas-Moreira dijo...

Oye, de verdad buenísimo el encuentro casual (muuy casual) con Pedro Lemebel... de verdad, genial. Coincidencias así deberían darse más seguido... aunque quizás no; perderían la gracia.

Y qué lata lo de las entradas... imperdible la obra! Pa la otra invitai =P

Un beso, nos vemos.